El control de la imagen por medio de los objetivos

05 de diciembre de 2007
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Saber emplear el objetivo adecuado en cada momento puede ayudarnos a mejorar la calidad de nuestras fotografías, vamos a ver algunos ejemplos.
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Cada objetivo plasma la imagen en el negativo de una manera distinta, lo cual nos puede ayudar a obtener efectos interesantes, aislar o resaltar detalles, etc. Con un teleobjetivo de 200 mm. comprimimos la ladera de la colina situada tras este montañero obteniendo una imagen que da sensación de inmensidad.

Con un teleobjetivo de 200 mm. comprimimos la ladera de la colina situada tras este montañero obteniendo una imagen que da sensación de inmensidad.



Los gran angulares permiten obtener interesantes efectos merced a las distorisiones que provocan al expandir el angulo de visión, como en el caso de esta iglesia fotografiada con un 24 mm.



Los objetivos se definen por medio de la "distancia focal", que es la distancia en milímetros que hay desde el negativo al centro óptico de la lente cuando ésta enfoca al infinito. De esta manera tenemos objetivos de 28mm., de 50mm., de 200mm., etc.

Hoy día, los zoom se han popularizado tanto que podemos reunir en un solo objetivo varias distancias focales y obtener una buena calidad de imagen, como en el caso de los zoom 35-80 mm., tan comunes. La gran ventaja de estos objetivos es que nos permiten explorar las distintas composiciones de una imagen en función de la distancia focal sin necesidad de cambiar de objetivo continuamente.

Objetivo normal

Hasta no hace mucho, las cámaras reflex de 35 mm. venían con un objetivo de 50 ó 55 mm. Era el objetivo normal. Se fabricaba en serie y eran económicos.

Sus características principales son, por una parte la perspectiva natural que se obtiene con él, ya que presenta la imagen aproximadamente como la ve el ojo humano (esto también se puede obtener ajustando el zoom a 50-55 mm.); y por otra su gran luminosidad: f/1,8 ó f/1,4 son aberturas corrientes en estos objetivos, lo cual los convierte en grandes aliados para las tomas con luz escasa.

Objetivos gran angular

La visión de un objetivo normal de 50 mm. Abarca unos 45º. Para traspasar ese límite y plasmar en el negativo más de lo que abarca la visión normal hay que recurrir a los objetivos de distancia focal corta o gran angulares: 35 mm., 28mm., 24mm., etc.

Estos objetivos doblan la luz y comprimen los objetos para que quepan en el negativo, de tal manera que los vemos más pequeños de lo que son en realidad. Estas distorsiones son más evidentes al emplear distancias focales de 28mm. o menores y permiten obtener interesantes efectos especiales.

El empleo más habitual de los gran angulares se da en circunstancias en las cuales el fotógrafo quiere abarcar una gran porción de espacio, pero no puede retroceder. Al recurrir al gran angular el espacio se comprime.

Por otra parte, al poseer una mayor profundidad de campo, estos objetivos permiten encuadrar y enfocar a la vez objetos del fondo y objetos cercanos.

Los objetivos gran angulares más cortos, 20mm., por ejemplo, permiten obtener distorsiones y perspectivas exageradas que añaden gran interés a determinadas fotografías, por ejemplo de paisajes.

Teleobjetivos

Los teleobjetivos producen el efecto contrario que los gran angulares. Si estos parecía alejar la imagen para comprimirla, los teleobjetivos la acercan al reducir el ángulo de visión.

Cuanto mayor sea la distancia focal del objetivo mayor será el efecto de acercamiento o aumento de tamaño del objeto. Los más empleados son los comprendidos entre 80 y 200 ó 250 mm., popularizados por los zoom 80-200. Los de mayor distancia focal (400mm., 600mm.) necesitan un trípode para evitar que la imagen salga movida, por lo cual su uso es más engorroso.

Son especialmente útiles para fotografiar objetos lejanos, que de otra manera decepcionarían al quedar reducidos a una pequeña porción de la imagen rodeada de objetos accesorios que no nos interesaban.

Otro efecto muy interesante es que comprime los distintos planos de la imagen limitando la sensación de profundidad. Esto permite obtener, por ejemplo, majestuosas instantáneas de cadenas montañosas que se extienden a lo largo de kilómetros aparentemente comprimidas en un solo plano.


También poseen una profundidad de campo muy limitada, por lo que son muy útiles para realizar retratos, y, en general, fotografiar cualquier objeto que queramos aislar del entorno.

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El autor
Juan Ignacio Rodríguez Navarro
Equipo de desarrollomultimedia.es
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